Unas rosas perfectas
te mandé,
eran perfectas,
eran más de cien.
Unas rosas perfectas
una día las compré,
eran ilusas
e ingenuas también.
Unas rosas perfectas
unos meses las cuidé,
eran sinceras
e incondicionales también.
Unas rosas perfectas
un día las admiré,
eran eternas
y mi vida también.
Unas rosas perfectas
una mañana las dejé,
eran hermosas
y malditas también.
Unas rosas perfectas
un corazón espinaron,
eran perfectas
y marchitas también.
Miriam Yeshua